
Esta temporada 2024-2025 de LaLiga fue, para decirlo sin rodeos, una auténtica montaña rusa. No solo porque el liderato cambió de dueño en más de una ocasión, sino porque los tres grandes volvieron a demostrar que el fútbol no siempre lo gana quien más invierte, sino quien mejor se adapta.
Fue un año de sorpresas, de apuestas arriesgadas, de ausencias que pesaron más de lo esperado y de jóvenes que, sin pedir permiso, se abrieron paso en los momentos más tensos del campeonato.
El Barcelona: cantera, carácter y un paso adelante
Pocas veces se ve a un equipo tan grande como el FC Barcelona confiar tan ciegamente en su cantera como lo hizo esta temporada. Y lo que al principio parecía una necesidad por falta de recursos, terminó convirtiéndose en una virtud que marcó diferencias. El equipo catalán no solo sobrevivió con jóvenes formados en casa, sino que llegó a dominar tramos clave del torneo.
Gavi, tras una larga recuperación, volvió a ser ese motor incansable del mediocampo. Fermín López, con una temporada sólida, demostró que puede tener peso en un equipo de élite. Y Raphinha, a quien muchos daban por perdido, firmó la mejor campaña de su carrera en España: regular, decisivo y, por fin, consistente.
Claro, no fue todo perfecto. La irregularidad aún estuvo presente y, para que el sueño del aficionado culé se completara, solo faltó una cosa: que Ansu Fati regresara a su nivel previo a las lesiones. Pero esa vuelta no ocurrió, y en cierto modo, deja una espina clavada. Aun así, el Barcelona compitió hasta el final, con un grupo joven que dio más de lo que muchos esperaban.
El Real Madrid: orgulloso, improvisado y corto de visión
Lo del Real Madrid fue un acto de resistencia. Afectados por una plaga de lesiones en defensa —Alaba y Militão, fuera por largo tiempo, y Rudiger sobreutilizado—, el club decidió no acudir al mercado de invierno. En cualquier otro equipo, esa pasividad podría parecer resignación. En el Madrid, fue interpretada como una muestra de confianza en el plantel. Pero una cosa es confiar y otra muy distinta es no reaccionar.
Fede Valverde tuvo que asumir el rol de lateral derecho en muchos partidos. Cumplió, sí, pero se perdió su impacto real como interior todoterreno. Mientras tanto, talentos como Arda Güler y Endrick vieron minutos contados. El primero, tras brillar cuando le dieron minutos, no terminó de ganarse la confianza de Ancelotti. El segundo, aún en adaptación, dejó destellos pero también la sensación de que podía haber aportado más si se le hubiese soltado la cuerda un poco antes.
En resumen: el Madrid peleó, como siempre. Pero lo hizo con una defensa parchada y con una gestión de plantilla que, si bien mantuvo al equipo competitivo, dejó la impresión de que se pudo hacer más.
Atlético de Madrid: otra vez sin dar el salto
Si hay una constante en LaLiga de los últimos años, es que el Atlético de Madrid siempre parece estar “a punto”… pero nunca termina de estar. Esta temporada tenía un argumento de peso para cambiar la narrativa: Julián Álvarez, campeón del mundo, llegó como fichaje estrella para apuntalar el ataque. Y lo cierto es que el argentino no decepcionó. Fue de lo mejor del equipo en muchas fases del campeonato.
El problema, sin embargo, no fue individual. Fue colectivo. El Atleti sigue siendo un equipo con mucha entrega, pero con poca claridad. Compite, molesta, frustra… pero no remata. En el mano a mano contra un Barça lleno de chicos o un Madrid sin defensores titulares, uno habría esperado que dieran un golpe sobre la mesa. Pero no. De nuevo se quedaron cortos.
La pregunta que ya no se puede evitar es si el ciclo de Simeone necesita, al menos, una revisión profunda. Porque por más que el estilo se respete, los resultados en liga ya no están a la altura de lo que se exige a un club que, al menos en nombres, puede competir por todo.
Un título que no se regaló, se peleó
Una cosa quedó clara esta temporada: la liga no se la llevó quien más gastó ni quien mejor plantilla tenía sobre el papel. Fue una temporada que premió la cohesión, el esfuerzo y la capacidad de adaptarse a las circunstancias. El Barça apostó por su cantera y le salió bien. El Madrid improvisó con inteligencia, pero se quedó corto. El Atleti… bueno, el Atleti volvió a quedarse a medio camino.
Y por más que se critique el nivel general del campeonato, lo cierto es que esta fue una liga entretenida, incierta y, sobre todo, viva hasta las últimas jornadas. Esas ligas que no se deciden en abril son las que valen.
Reflexión final
Como aficionado, me quedo con la sensación de que el fútbol español sigue siendo capaz de ofrecer emoción, historia y debate. Esta no fue la temporada más técnica ni la más espectacular, pero sí una de las más humanas. Porque vimos errores, aciertos, jóvenes creciendo, leyendas tambaleando y proyectos puestos a prueba.
Y eso, para quienes amamos este deporte, siempre será suficiente para volver a ver el próximo partido.




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