El fútbol está lleno de entrenadores brillantes. Ganadores. Tácticos. Innovadores. Pero pocos tienen lo que Carlo Ancelotti le dio al Real Madrid: paz en medio del caos. Su despedida no es solo la salida de un entrenador. Es el cierre de un ciclo que tocó lo más alto de la gloria y lo más profundo del corazón del madridismo.
Porque Ancelotti no solo ganó. Reconstruyó, reconcilió y reconectó a un equipo que, por momentos, parecía ir a la deriva.
El arquitecto de La Décima
Para cualquier madridista, la temporada 2013-2014 tiene un lugar sagrado. Fue el año en que el Real Madrid, tras 12 años de frustraciones, levantó la anhelada Décima Champions League. Y fue Carlo Ancelotti quien tejió esa conquista desde la serenidad, desde el manejo inteligente de un vestuario plagado de estrellas (y egos).
En un club que venía de vivir la intensidad de Mourinho, la llegada de Carletto fue como una bocanada de oxígeno. Le dio libertad a Cristiano, estructura a Di María como mediocampista interior, equilibrio con Modrić y Kroos, y profundidad con Marcelo y Carvajal. Todo bajo una premisa simple: dejar jugar a los que saben y ordenar a los que corren.
Y el resultado fue una sinfonía inolvidable que culminó en Lisboa, con ese cabezazo de Ramos al 93’, la prórroga épica y el 4-1 ante el Atlético. Esa noche no solo se ganó un título. Se rompió una maldición. Y el conductor silencioso de todo fue él.
El regreso del hombre tranquilo
Pero la historia no se detuvo ahí. Tras su salida en 2015 —injusta a ojos de muchos—, Ancelotti se fue sin hacer ruido. Y en 2021, cuando el club más lo necesitaba, volvió casi en silencio, desde el banquillo del Everton, en un contexto que a cualquier otro lo habría espantado: una plantilla envejecida, el legado de Zidane desgastado, la sombra de Mbappé en el aire, y sin fichajes de peso.
Y aun así, volvió. Porque el Madrid siempre vuelve, y Ancelotti también.
Lo que logró en esa segunda etapa fue simplemente colosal:
- Campeón de Champions en 2022, venciendo a PSG, Chelsea, City y Liverpool con una mezcla de mística y pegada.
- Ganador de LaLiga ese mismo año, con amplio margen.
- Y sobre todo, formador de la nueva columna vertebral del club: Camavinga, Valverde, Vinicius, Tchouaméni, Bellingham… todos crecieron bajo su guía.
No siempre jugó bonito. No siempre convenció desde lo táctico. Pero casi siempre compitió. Y siempre mantuvo la paz. En el club más exigente del mundo, eso vale oro.
El técnico que entendió al Real Madrid
En un mundo de técnicos de laboratorio, de discursos largos y revoluciones tácticas, Ancelotti fue otra cosa. Fue gestión, fue humanidad, fue confianza. Supo cuándo darle libertad a Benzema y cuándo sentar a Kroos sin que se enfadara. Supo abrazar a Vinicius en su etapa más criticada, y poner a Valverde de lateral sin que se rompiera el vestuario.
No gritaba, no presionaba a la prensa, no se excusaba. Solo hacía su trabajo, con una ceja levantada y esa sonrisa calmada que ocultaba la presión de llevar el escudo más pesado del mundo.
Y por eso se ganó el respeto de todos: jugadores, directiva, afición… incluso rivales. Porque cuando habla Ancelotti, nadie duda.
Se va una leyenda… y un señor
Lo más valioso de su legado no está en las vitrinas. Está en la memoria colectiva. En las noches europeas imposibles. En los gestos tranquilos ante la tormenta. En haber vuelto cuando más se le necesitaba.
Y se va como los grandes: sin escándalos, sin polémicas, sin desgaste. De pie, con la frente en alto y el cariño intacto.No todos tienen ese privilegio.
No es un adiós. Es un hasta siempre. Porque en la historia blanca, Carlo Ancelotti ya es eterno.




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